A 50 años… NUNCA MÁS

A medio siglo del golpe de Estado cívico-militar que sumió a la Argentina en la noche más larga de su historia, reafirmamos un compromiso ineludible con la #Memoria. Porque las personas y los pueblos son lo que recuerdan. Porque no hay identidad sin memoria, ni memoria sin identidad. Porque la memoria es la resistencia moral que permitirá a un pueblo seguir siéndolo.

Construir memoria sobre el terrorismo de Estado no es sólo una exigencia legal: es una obligación ética. Es el camino para forjar una identidad común, sensible y humana, que nos aleje del miedo, la violencia y la deshumanización. Es también una herramienta fundamental para enfrentar los discursos negacionistas que aún hoy intentan justificar lo injustificable. Y es la base para seguir exigiendo políticas públicas que fortalezcan una ciudadanía democrática y una cultura de paz.

A 50 años, la pregunta sigue intacta: ¿dónde están?

Porque cuando hablamos de dignidad humana, los números no alcanzan. Hablamos de vidas truncadas en la más atroz oscuridad. De hombres y mujeres —en su mayoría jóvenes— secuestrados, torturados y desaparecidos. De familias destruidas. De una sociedad profundamente herida y condicionada por el dolor, la intimidación y el miedo.

Sin embargo, la experiencia argentina es reconocida en el mundo por su singularidad: somos uno de los pocos países donde los crímenes del terrorismo de Estado no sólo fueron juzgados por la justicia, sino también condenados por la conciencia colectiva de todo un pueblo.

En ese camino, la lucha inclaudicable de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo ha sido y sigue siendo fundamental. Ellas transformaron el dolor en lucha, la ausencia en búsqueda y el horror en memoria activa. Su ejemplo constituye una de las herencias morales más profundas de nuestra historia.

Hoy, asistimos a un nuevo proceso de desaparición, de tortura y de muerte, porque una enorme parte de nuestra sociedad quedó afuera de los más elementales derechos. Porque la destrucción del desarrollo científico, industrial y cultural nos llevan a desaparecer. Porque nuestra sociedad está siendo devastada por la falta de trabajo, de ingresos dignos, de acceso a la salud y a la educación de calidad. Porque la muerte se deja ver ante la falta de acceso a medicamentos o la imposibilidad de pagar la obra social.

En un contexto social y político donde se reeditan discursos negacionistas y se profundizan desigualdades, es imprescindible seguir levantando las banderas que nos sostienen desde hace décadas: #Memoria#Verdad y #Justicia.

Recordar no es un ejercicio del pasado: es una acción del presente y una responsabilidad hacia el futuro, un ejercicio que nos interpela y nos compromete.

A 50 años, la memoria sigue siendo un acto de justicia:

Por cada una y cada uno de los 30.000, marchamos
Por las familias que aún buscan, marchamos
Por una sociedad que no olvida, marchamos
Por un futuro que no repita el horror, marchamos.